Marketing e Internet de las cosas

IoT y marketing

Acudí a IoTSWC 2019, que puso en contacto a proveedores de soluciones basadas en internet de las cosas (IoT) con profesionales de distintos sectores industriales. Palabras clave del evento fueron IoT, IA o Big Data.

Una conclusión principal del congreso fue que los datos, entendidos como una masiva cantidad de información (Big Data), son la materia prima para la generación del conocimiento que permitirá afrontar los retos de la transformación digital.

Es la IoT el canal que permite conectar los dispositivos que recopilan esta masiva cantidad de datos y ponerla a disposición de las empresas. A través de IoT se crean una serie de flujos de datos para todas las etapas de la cadena de valor y, en particular, para la función de marketing.

IoT

Conviene antes que nada, definir internet de las cosas. Es un entorno de comunicación a escala global entre personas y cosas o entre cosas sin intervención de las personas. Ésta es la idea básica. Se puede extender añadiendo los procesos a las entidades de comunicación (e incluso a los animales).

Para que esta comunicación sea posible, ha sido necesaria la aceleración del progreso tecnológico que estamos viviendo desde la segunda mitad del siglo pasado. La ley de Moore se ha cumplido de forma contumaz en las últimas décadas. Se duplica la cantidad de transistores que se pueden integrar en un circuito cada 2 años. Esto ha posibilitado la miniaturización de los ordenadores, que comenzaron ocupando salas y han acabado por caber en la palma de la mano. Por extensión, esta ley ha beneficiado todo tipo de dispositivos electrónicos. En la actualidad, sensores de (muy) pequeño tamaño pueden integrarse en todo tipo de objetos (cosas). Recojen información (datos), y enviarla a un determinado destino para su procesado.

Flujos de datos para la cadena de valor

Estamos estableciendo entonces flujos de datos desde los objetos a los receptores de información. Pero este flujo de datos, para que sea significativo en un entorno de análisis, debe proceder de múltiples objetos. Por ejemplo: si queremos estudiar el comportamiento de un segmento de mercado respecto al uso de un objeto (producto) determinado, deberemos analizar datos de muchos usuarios. Si queremos dar un óptimo servicio post-venta y recibimos datos de muchas máquinas del mismo tipo que están funcionando, seremos capaces de promover acciones de mantenimiento preventivo. Recibiremos información de calidad y en cantidad de cada objeto o cosa conectada. Pueden ser lecturas de temperatura y humedad de cada entorno, de revoluciones y cualquier cosa que se pueda medir). Además, los datos serán generados de forma continua en los periodos de funcionamiento o uso de cada objeto.

Se acumulará entonces una enorme cantidad de datos a gestionar, y se requieren aplicaciones de Sw específicas para su tratamiento. Entramos de lleno en el campo del Big Data. A su vez, el canal de conexión natural debe ser ubicuo y por tanto debemos recurrir a Internet. Es decir, los objetos deben ser conectables a Internet. Esta conexión no necesariamente debe ser entre humano y máquina (los humanos se equivocan o no son suficientemente rápidos ni eficientes ante un alud masivo de información). Las más veces es entre máquina y máquina (entre cosas), dando sentido al término Internet de las Cosas. Cuando se añade a la cantidad de datos y al canal de comunicación capacidad de decisión autónoma, se incorpora un tercer factor al entorno descrito: la inteligencia artificial.

Este entorno construye entonces flujos de datos desde las cosas hacia un determinado sistema que los transforma en conocimiento. Pero estos flujos no son patrimonio de un solo elemento de la cadena de valor, sino que pueden abocarse a procesos que generen conocimiento para distintos componentes de esta cadena, en particular de marketing y ventas como actividad primaria.