Pedagogía

Herramientas de ebanistaAunque este es un blog de marketing, hoy voy a escribir sobre pedagogía. No son dos cosas totalmente disociadas ya que una de las funciones del marketing es la formación. Sí es cierto que, por lo común, la pedagogía nos trae a la mente escuelas, institutos y universidades, pero la formación también abarca el mundo de la empresa y el proceso por el cual aprendemos siempre es el mismo.

Vinton Cerf y mi abuela: opiniones coincidentes

Asistía la pasada semana a un coloquio en el que el invitado era el creador del protocolo TCP/IP y actual vicepresidente de Google: el doctor Vinton Cerf. El coloquio trataba del futuro de la tecnología en los próximos 50 años y, al final, se planteó la pregunta de cómo debía ser la universidad del futuro.

Y por la respuesta dada me acordé de mi abuela. Recuerdo que mi abuela materna, persona de no muchos estudios (pero sí de muchas vivencias y gran empuje) se quejaba algunas veces de las reparaciones domésticas que realizaban fontaneros, electricistas y, en general, todo aquél que visitaba su casa con estos cometidos. El trabajo bien hecho había ido perdiendo lustre comparado con épocas anteriores. La prisa se adueñaba del servicio o de quien lo prestaba y se echaba de menos la calidad. Siempre decía mi abuela que antes el aprendizaje se tomaba su tiempo: se empezaba a trabajar de aprendiz, después de unos años en esta categoría se pasaba a oficial y se ejercía como “oficial” otros tantos años y, finalmente, se llegaba al grado de maestro.

El mismo proceso de aprendizaje, basado en la experiencia del conocimiento repetida y asimilada a lo largo de un tiempo, planteaba Vinton Cerf como respuesta a la pregunta sobre la universidad.

Cómo aprendemos

“Escucho y olvido, leo y comprendo, veo y recuerdo, hago y aprendo” es un proverbio oriental (algunos lo atribuyen a Confucio). Precisamente es la última parte de este aforismo la que usó el doctor Cerf para rematar su respuesta. Más que a la universidad se refería a cómo debería enseñarse en el futuro. La clave no estaría en la “entrega de contenidos” sino en la creación de experiencias de aprendizaje. De alguna manera lo expresó William Glasser con su pirámide del aprendizaje.

Sócrates: las palabras no pueden defenderse por sí mismas

“Apariencia de sabiduría es lo que proporcionas a tus alumnos, que no verdad. Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos siendo, al contrario, en la mayoría de los casos totalmente ignorantes y difíciles, además, de tratar, porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad.”

Estas palabras (en traducción de Emilio Lledó) las pone en boca de Sócrates su discípulo Platón en uno de sus diálogos: Fedro, escrito en 370 a.C. Sócrates, que no dejó obra escrita, enaltece el diálogo frente a la mera lectura, más claramente en este otro pasaje del mismo diálogo:

“Este es, mi querido Fedro, el inconveniente, así de la escritura como de la pintura; las producciones de éste último arte parecen vivas, pero interrogadlas, y veréis que guardan un grave silencio. Lo mismo sucede con los discursos escritos; al oírlos o leerlos creéis que piensan; pero pedidles alguna explicación sobre el objeto que contienen y os responderán siempre la misma cosa. Lo que una vez está escrito rueda de mano en mano, pasando de los que entienden la materia a aquellos para quienes no ha sido escrita la obra, y no sabiendo, por consiguiente, ni con quién debe hablar ni con quién debe callarse. Si un escrito se ve insultado o despreciado injustamente, tiene siempre necesidad del socorro de su padre; porque por sí mismo es incapaz de rechazar los ataques y defenderse.”

Sócrates planteaba con sus alumnos un dialogo individual de modo que el conocimiento transmitido no fuese un objeto estándar entregable a todos de la misma forma a través de la escritura. Sócrates creaba para sus alumnos experiencias de aprendizaje individuales. El objetivo de los diálogos metódicos inventados por Sócrates (método de enseñanza denominado mayéutica) era que los alumnos descubrieran la verdad por sí mismos. La palabra “experiencia” es la clave del aprendizaje ya desde los tiempos de Sócrates, frente al mero consumo de información que proporcionaría una lectura pasiva. Se trataría de una experiencia reflexiva, hacer algo, reflexionar, en vez de simplemente leer o escuchar pasivamente.

¿Qué tiene que ver la pedagogía con el marketing?

Vinton Cerf, en el coloquio antes mencionado, también expuso en cierto momento la diferencia entre marketing y ventas, diciendo que el profesional del marketing  debe enseñar al profesional de ventas dos cosas: dónde está el mercado (a dónde ir a vender) y qué decir de lo que se vende (cómo venderlo, en el sentido de cómo argumentarlo). Marketing tiene la función de formar a ventas sobre aquello que vende. Por tanto el profesional de marketing debe saber enseñar, o mejor, saber hacer que los demás aprendan.

Y es aquí donde encuentro el nexo entre mi mundo y la pedagogía. No importa si soy maestro, profesor, formador en la empresa o product manager. De lo que se trata es de que tengo que enseñar, o más bien de que mi audiencia tiene que aprender.

Esta labor, en lo fundamental, no debe condicionarse a lo que se enseña. Ciertamente no es lo mismo enseñar deportes de aventura que el manejo de un ordenador, o una máquina, si lo consideramos desde el punto de vista de quien enseña con viejos paradigmas. Pero desde el punto de vista del que aprende se trata de adquirir la capacidad de hacer algo en ambos casos.

El paradigma actual

Igual que sucede con lo que enseña un maestro o profesor en la escuela y lo que enseña a ventas un product manager o incluso el vendedor a un cliente final, en las escuelas de negocios y en los cursos de formación de las empresas el paradigma clásico ha sido el siguiente:

  1. Se tiende a hablar de teoría más que de práctica
  2. Se pierde el interés del que debe aprender
  3. Se pierde la oportunidad de enseñar cómo trabajar
  4. Se pierde la oportunidad de enseñar a pensar y entrenar la mente

Por otro lado, este método clásico adolece de que:

  1. Enseña solamente conocimiento consciente (y la mente tiene procesos conscientes, pero también inconscientes)
  2. Da las conclusiones ya hechas
  3. Dice cómo actuar
  4. Intenta evitar el fallo por todos los medios, no se valora el aprendizaje a partir de los errores
  5. Las clases son magistrales
  6. No se basa en experiencias reales
  7. Explica casos aislados individuales, lo que dificulta la síntesis

Marketing, como muchos otros departamentos en la empresa, elabora e imparte a multitud de cursos, en muchos casos a través del paradigma clásico, que pretende entregar el conocimiento enlatado para el consumo de su audiencia. Incluso en inglés impartir un curso se traduce como “to deliver a training” (como sabemos el verbo “deliver” significa “entregar”). Se “entrega conocimiento” como si se tratara de un paquete. En el extremo opuesto está el reputado pedagogo Roger C. Schank, que sostiene que “aprender es el resultado de hacer cosas y pensar sobre ellas” y que vuelve al viejo proverbio oriental mencionado al principio: al final hay que hacer para aprender.

Esto da finalmente la razón a mi abuela: cuando falta experiencia de aprendizaje los resultados dejan que desear. ¿No es momento entonces de volver a replantearse cómo enseñar a la vista de cómo aprendemos de verdad?